El triángulo apunta a una historia que nos precede: la lucha por derechos, igualdad y transformación social. No es un punto de llegada, sino una base.
De él nace el circuito: abierto, incompleto y en permanente construcción. Sus líneas representan ideas, personas y tecnologías que se encuentran, divergen y vuelven a conectarse.
Porque ninguna sociedad está terminada. Ninguna tecnología es neutral. Y ningún futuro está escrito de antemano.
Entre política y código hay elección. Entre innovación y poder hay disputa. Entre lo que heredamos y lo que todavía podemos construir está la acción colectiva.
El símbolo permanece abierto porque el futuro también.