Cripto ·
Bitcoin y la cuestión de la soberanía
¿Puede una moneda sin Estado ampliar la autonomía de los países periféricos, o la soberanía monetaria sigue dependiendo de instituciones nacionales?
Por Redação Esquerda Cripto · 9 min de lectura

Hay una contradicción fascinante en el debate sobre Bitcoin.
Fue concebido como una red monetaria que no depende de bancos centrales. Su emisión no la determinan gobiernos nacionales. Sus transacciones pueden atravesar fronteras sin utilizar necesariamente la misma cadena de intermediarios del sistema financiero tradicional.
Por esa razón, sus defensores suelen asociar Bitcoin con la soberanía.
Pero ¿soberanía de quién?
¿Del individuo?
¿Del Estado?
¿De una comunidad?
¿De los países ubicados en la periferia del sistema monetario internacional?
Estas preguntas parecen similares, pero pueden producir respuestas muy diferentes.
Para una persona que vive bajo una inflación elevada o controles de capital, poseer un activo que puede transferirse internacionalmente puede representar una forma concreta de autonomía patrimonial.
Para un Estado, en cambio, adoptar una moneda que no emite puede significar justamente renunciar a instrumentos monetarios.
Bitcoin, por lo tanto, introduce una paradoja:
lo que aumenta la soberanía monetaria del individuo puede no aumentar la soberanía monetaria del Estado.
Comprender esta diferencia es fundamental para discutir el papel de las criptomonedas en el Sur Global.
La jerarquía de las monedas
El sistema monetario internacional no es horizontal.
Algunas monedas tienen una capacidad mucho mayor que otras para funcionar internacionalmente como reserva de valor, unidad de cuenta e instrumento de liquidación.
En el centro de esta arquitectura sigue estando el dólar estadounidense.
Gobiernos, empresas e individuos fuera de Estados Unidos mantienen activos denominados en dólares; las materias primas internacionales se negocian en esa moneda; las deudas se emiten en ella; las reservas de los bancos centrales siguen fuertemente expuestas al dólar.
Esto crea una asimetría conocida desde hace décadas por la economía política internacional.
Estados Unidos emite la principal moneda del sistema.
La mayoría de los países necesita obtenerla.
Para las economías emergentes, esta diferencia importa.
Los shocks cambiarios, la fuga de capitales y la deuda denominada en moneda extranjera pueden limitar significativamente la autonomía de las políticas económicas nacionales.
Es en este ambiente donde los criptoactivos empiezan a entrar en la discusión sobre soberanía.
¿Ofrece Bitcoin una salida?
Bitcoin tiene una característica políticamente inusual: ninguna autoridad nacional decide unilateralmente su emisión.
El protocolo establece reglas de oferta conocidas y una red internacional mantiene el sistema.
Para los individuos, esto puede ser atractivo justamente en países donde existe poca confianza en las instituciones monetarias.
Pero transformar esta característica en una teoría completa de la soberanía nacional exige cuidado.
Un Estado que sustituye su moneda por Bitcoin deja de depender de las decisiones monetarias de otro país, pero tampoco pasa a controlar Bitcoin.
No puede emitir BTC ante una crisis.
No puede modificar su política monetaria.
No puede actuar como emisor de última instancia de la red.
No determina su oferta.
En otras palabras, la independencia respecto de otro banco central no significa necesariamente autonomía monetaria.
Es una distinción similar a la que se encuentra en las economías dolarizadas.
El laboratorio salvadoreño
Ningún país volvió este debate tan concreto como El Salvador.
En 2021, el país convirtió a Bitcoin en moneda de curso legal junto al dólar.
La experiencia se presentó internacionalmente como una ruptura con el sistema monetario tradicional.
Pero El Salvador ya tenía una característica fundamental antes de Bitcoin: desde 2001, su economía estaba oficialmente dolarizada.
El país ya no tenía una política monetaria convencional independiente.
Por eso, interpretar el experimento salvadoreño como una simple sustitución de una moneda nacional por Bitcoin sería incorrecto.
Los economistas Tobias Boos y Juan Grigera sostienen que la adopción debe comprenderse en el contexto de la dolarización, las remesas internacionales y la deuda externa.
En un trabajo posterior, publicado en 2025, los autores describen la experiencia como un intento de ganar margen de maniobra en un sistema internacional dominado por el dólar, intento que, según su análisis, tuvo resultados limitados.
Eso no vuelve irrelevante el caso.
Al contrario.
Convierte a El Salvador en uno de los laboratorios más interesantes para comprender la diferencia entre innovación monetaria y soberanía monetaria.
Las remesas importan
Hay una razón concreta por la que este debate tiene especial importancia en América Latina y en otras regiones del Sur Global: las remesas internacionales.
Millones de trabajadores envían dinero a familiares que viven en otros países.
Esas transferencias pueden implicar intermediarios, comisiones y conversiones cambiarias.
Bitcoin y otras redes abiertas plantean una hipótesis interesante: utilizar una infraestructura digital global para transferir valor directamente.
En determinadas situaciones, esto puede reducir intermediarios.
Pero, otra vez, la experiencia concreta es más complicada que la arquitectura técnica.
Una familia no paga el alquiler con una tesis monetaria.
Necesita convertir el activo recibido en la moneda que utiliza en su vida cotidiana.
Eso significa que los costos de entrada y salida, la volatilidad, la disponibilidad de infraestructura, el conocimiento tecnológico y la aceptación comercial importan tanto como el protocolo.
La eficiencia debe medirse de punta a punta.
Entonces llegaron las stablecoins
Tal vez la transformación más importante para la discusión sobre soberanía en el Sur Global no esté ocurriendo a través de Bitcoin.
Está ocurriendo silenciosamente a través de las stablecoins.
Estos tokens buscan mantener su valor asociado a monedas tradicionales, sobre todo al dólar.
La combinación es poderosa.
Por un lado, tienen características de la infraestructura cripto: circulación digital, disponibilidad continua e integración con blockchains.
Por el otro, ofrecen exposición a una moneda que los usuarios ya conocen.
Pero aquí surge una paradoja todavía mayor.
Las stablecoins pueden ampliar la autonomía financiera individual en países de moneda frágil y, al mismo tiempo, profundizar la dolarización de esas economías.
En un estudio publicado en 2026, investigadores del Banco de Pagos Internacionales (BIS) estiman que aproximadamente el 98% del valor de las stablecoins está denominado en dólares.
La conclusión política es relevante.
La tecnología descentralizada no necesariamente debilita la jerarquía monetaria existente.
También puede volverla más accesible.
El dólar, que antes podía exigir una cuenta bancaria específica o acceso al sistema financiero internacional, pasa a circular por una billetera digital.
Para el usuario, eso puede significar protección patrimonial.
Para el banco central de una economía emergente, puede significar una mayor facilidad de sustitución de la moneda nacional.
Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo.
¿Soberanía para quién?
Esta tensión revela un problema conceptual.
Usamos la palabra “soberanía” para fenómenos diferentes.
Existe la soberanía individual: la capacidad de una persona de controlar sus propios recursos.
Existe la soberanía monetaria estatal: la capacidad de un gobierno de administrar su moneda y su política monetaria.
Existe la soberanía económica: el margen que tiene una sociedad para decidir democráticamente sus políticas sin restricciones externas excesivas.
Y existe también la soberanía tecnológica: la capacidad de no depender por completo de infraestructuras controladas por otros países o por pocas corporaciones.
Los criptoactivos pueden aumentar algunas de estas formas y reducir otras.
Una billetera autocustodiada puede ampliar la autonomía individual.
Una stablecoin en dólares puede proteger a una familia de la inflación doméstica.
Al mismo tiempo, una adopción masiva de esa misma stablecoin puede reducir la eficacia de la política monetaria nacional.
No hay contradicción lógica.
Hay intereses diferentes operando simultáneamente.
Una cuestión especialmente importante para la izquierda
Históricamente, la izquierda latinoamericana dedicó una enorme atención a la dependencia.
Dependencia financiera.
Dependencia tecnológica.
Dependencia comercial.
Dependencia monetaria.
La expansión de las redes financieras digitales agrega una nueva capa a este debate.
Sería un error descartarlas simplemente porque parte de su cultura política inicial fue libertaria.
Pero sería igualmente apresurado imaginar que la descentralización tecnológica produce automáticamente soberanía económica.
La pregunta necesita ser más exigente.
¿Quién controla la infraestructura?
¿Quién emite el activo?
¿En qué moneda está denominado?
¿Dónde están los desarrolladores?
¿Quién controla los principales puntos de entrada y salida?
¿Quién tiene la capacidad de bloquear una stablecoin?
¿Quién captura las comisiones?
¿Dónde están los servidores y las interfaces?
¿Quién define las reglas?
Un análisis político de blockchain empieza justamente cuando la palabra “descentralizado” deja de cerrar la discusión.
Bitcoin y el Estado no tienen por qué ser enemigos conceptuales
Existe además una hipótesis menos espectacular, pero quizá más realista.
Bitcoin no necesita sustituir a las monedas nacionales para ser relevante.
Puede funcionar como activo global, infraestructura alternativa de liquidación o reserva voluntaria para determinados participantes sin convertirse en la unidad monetaria cotidiana de una economía.
Los Estados, a su vez, pueden seguir operando monedas nacionales, sistemas públicos de pagos y políticas monetarias.
La coexistencia es menos revolucionaria que el relato de la sustitución completa.
Pero la historia de las instituciones rara vez ocurre mediante sustituciones instantáneas.
Se agregan nuevas capas a las antiguas.
El Sur Global no es un laboratorio vacío
Hay un último cuidado necesario.
Los países en desarrollo aparecen a menudo en el discurso tecnológico como lugares donde por fin podrán realizarse grandes experimentos.
Pero estas sociedades no son páginas en blanco.
Tienen instituciones, conflictos distributivos, comunidades, derechos territoriales e historias económicas propias.
Las investigaciones sobre El Salvador llamaron la atención justamente sobre esto.
Ruchi Patel, al estudiar la implantación del ecosistema Bitcoin en zonas costeras salvadoreñas, encontró efectos territoriales y distributivos que desafían los relatos puramente tecnológicos sobre el desarrollo.
Este tipo de investigación no demuestra que Bitcoin sea intrínsecamente perjudicial.
Demuestra algo más importante:
una tecnología no puede evaluarse solo por lo que promete su protocolo. Hay que observar lo que ocurre cuando se encuentra con una sociedad real.
La soberanía como capacidad de elegir
Tal vez esta sea la manera más útil de reorganizar el debate.
La soberanía no es aislamiento.
Tampoco es simplemente tener una moneda propia.
La soberanía es tener suficiente capacidad política, económica y tecnológica para tomar decisiones.
En ese sentido, las redes abiertas pueden formar parte de una estrategia de autonomía.
Pero difícilmente serán suficientes por sí solas.
Un país tecnológicamente dependiente, profundamente endeudado, socialmente desigual y sin capacidad institucional no se vuelve soberano solo porque sus ciudadanos pueden utilizar una blockchain.
Del mismo modo, prohibir las tecnologías abiertas no vuelve automáticamente más independiente a una economía.
La cuestión relevante está entre esos extremos.
¿Puede el Sur Global utilizar nuevas infraestructuras financieras sin entregarles su política económica?
¿Puede aprovechar las redes abiertas sin profundizar las dependencias monetarias?
¿Puede ofrecer autonomía financiera a sus ciudadanos preservando los instrumentos colectivos de política pública?
¿Puede desarrollar tecnología en lugar de solo consumirla?
Bitcoin no resuelve estas preguntas.
Pero obligó a gobiernos, economistas y sociedades a formularlas de nuevo.
Y tal vez esa sea una de sus contribuciones políticas más importantes.
Porque el verdadero debate sobre la soberanía nunca fue solo sobre quién emite el dinero.
Es sobre quién tiene la capacidad de decidir su propio futuro económico.
Referencias
- 01ALDASORO, Iñaki; FROST, Jon; ITO, Hiro. The impact of stablecoins on the international monetary and financial system. BIS Papers nº 170. Bank for International Settlements, 2026. En la Biblioteca
- 02BOOS, Tobias; GRIGERA, Juan. The political economy of Bitcoin as legal tender in El Salvador: Temporary bandages to permanent wounds? UNU-WIDER Working Paper 136/2023. En la Biblioteca
- 03BOOS, Tobias; GRIGERA, Juan. Two legal tenders, no currency: El Salvador’s Bitcoin adoption between world money and international money. Political Economy and Globalization, v. 3, n. 2, 2025.
- 04PATEL, Ruchi. Economic freedom or crypto-colonialism? Materialities of Bitcoin adoption in El Salvador. Geoforum, 2024.
- 05BESPALOVA, Olga et al. Crypto assets and CBDCs in Latin America and the Caribbean: Opportunities and risks. Latin American Journal of Central Banking, v. 6, n. 2, 2025. En la Biblioteca
- 06BANK FOR INTERNATIONAL SETTLEMENTS. Dollarisation and monetary control: what lessons for the rise of stablecoins? BIS Working Papers nº 1370, 2026.



